enero 19, 2007

para el Atlante Zoer

Un hombre cejifruncido
da la espalda
a esas cosas de la vida
rellenas de genes.

Exhala anemia amorosa
en la ventana.
Se repite.
Redacta a su viejo
una perorata de culpas,
de reproches
y de perdones extemporáneos.

La película antichoques de sus ojos de vidrio
le detuvo la caída de cada minúsculo fragmento de dolor.

Un hombre de mirada
sin vidrio
vive en la banca
espera por su reencarnación
para jugar a los juegos
que no ha vivido
por no seguir las instrucciones.

Por qué espera
ese hombre
por qué come criterios ajenos
por qué si aquí hay brazos calientes
por qué se tapa la boca
y se ermitaña en un cerro de Santa Ana.

De seguro
repasa los tejados
de sus cuentas,
mastica el nombre
de una doctrina amable,
se traga autoengaños para no morir
de orfandad.

Un hombre sin alguien
con roedores en su drenaje
que no pasan por debajo de su cama
no puede ser acusado
ni juez
ni testigo.
Es sólo un sobrante migajoso de amores disfuncionales
un experimento maldito de otra galaxia
desecho de un árbol sin ponientes
donde se piensa manzana.

1 comentario:

eowyn dijo...

Hombres y mujeres cejifruncidos... Me gustó mucho este poema.

Haré lo necesario para no pensarme manzana en el árbol... =)